|
Curiosidades |
“El Chantre”
Enraizada en lo más profundo de las tradiciones mirandesas la figura de “el Chantre” aparece rodeada de un halo mezcla de historia y de leyenda. El cuerpo incorrupto de D.Pascual Martínez, Chantre de Calahorra (ubicado bajo el coro de la Iglesia de Santa María) padeció una serie de vicisitudes desde su fallecimiento en el año 1352 (era de 1390).
Conocido principalmente por la dignidad que ostentó, el chantre desempeñó la función de gobierno del coro en la catedral de Calahorra: los únicos datos documentales que se conocen son los que se extraen de los siguientes textos. El primero es el que aparece en la tabla que acompaña al sepulcro:
“Aquí yace en esta sepultura don Pascual M(artínez) Chantre de Calahorra e de la Calzada: que Dios perdone la su anima. Amén. En el mas 1º día de octuvre Era de 1390 a(ños). Alfonso Garzía, pintor de Burgos, f(ecit) esta sepult(ur)a e la pintó. Era de 1441”
El otro documento data de 1812, y se trata de un acta firmada por el entonces párroco D. Pablo de Marrón incluida en el libro de finados de la parroquia de Santa María y que reza de la siguiente manera:
“En 28 de noviembre de mil
ochocientos doce, fue trasladado a esta iglesia de Santa María de la villa de
Miranda de Ebro el cuerpo del Sr. D. Pascual Martínez, Chantre de Calahorra,
insigne Bienhechor y Beneficiado de esta villa. Fundador de su Hospital titulado
del Chantre, que falleció día primero de octubre Era de mil trescientos noventa
y hallándose incorrupto en el año mil cuatrocientos cuarenta y uno, fue colocado
en un sepulcro nuevo de piedra y de buena arquitectura en su capilla inclusa en
la Parroquia de S. Juan al lado del Evangelio.
En el mil setecientos setenta y cinco, cuando una soberbia avenida del Ebro que
inundó esta población cubrió de agua y arena aquel sepulcro, se reconoció
nuevamente su cadáver y total incorrupción y en el presente profanada dicha
iglesia de S. Juan y reducida a cuartel de soldados, se ha depositado
interinamente en la capilla de S. Andrés de ésta Santa María cerrado en un arca
de madera observando todo el pueblo que pemanece en su admirable integridad y
porque conste lo firmo yo el cura de esta iglesia de Santa María.”
Así mismo, se pueden constatar como ciertos otros aspectos relacionados con la vida y legado de este insigne personaje; en primer lugar, la fundación de una capilla de patronato en la iglesia de San Juan en la cual fue enterrado inicialmente y que fue dedicada a “Nuestra Señora y San Juan Evangelista”. Algunos años más tarde, hacia 1370, fue fundada la, popularmente llamada, cofradía del Chantre con el fin de cumplir las mandas testamentarias del finado y para atender el hospital que D. Pascual Martínez patrocinó. Situado originariamente en el solar que hoy ocupa la iglesia de Santa María, este hospital fue trasladado a mediados del siglo XV a la calle de la “encrucijada” (actual Real Aquende). Su finalidad fue la de cuidar a los pobres y peregrinos en tránsito por la villa, hasta que en 1804 desapareció integrado en el hospital de Santiago.
Las restantes informaciones relacionadas con la vida del chantre que se han transmitido oralmente y que, convenientemente adornadas, fueron recogidas por el periodista J.L. Barberán (Diario ABC, 1926) poco parecen tener que ver con la realidad: la presunta relación del hermano del chantre con la muerte de éste lanzándole un saco de arena desde lo alto de un edificio no ha sido probada; más tiene aún de invención la idea de que su cuerpo fuera extraído varias veces por la fuerza de las aguas desbordadas del Ebro de su lugar de reposo en el cementerio, máxime teniendo en cuenta que éste no existió en Miranda hasta los primeros años del siglo XIX. Por tanto, queda probado que D. Pascual Martínez estuvo enterrado en la iglesia de San Juan hasta 1812 y a partir de entonces, debido a la incorruptibilidad en que se hallan sus restos, se exhibe en la parroquia de Santa María (inicialmente en la capilla de San Andrés y en la actualidad bajo el coro a los pies de la nave central).
La tercera mano de la Virgen de Altamira
La primitiva imagen de la Virgen de Altamira desapareció pasto de las llamas durante la Guerra Civil. Se sustituyó por una nueva talla que no fue del agrado del pueblo, lo que impulsó a los cofrades a sustituirla por una talla a imitación de la antigua: del siglo XV, policromada en oro y de madera bien probada.
La antigua imagen de la Virgen era descrita “... con tercera mano que le sale del costado izquierdo, con el título de Altamira muy devota y milagrosa...morenita y se dice que apareció en el Castillo de esta Villa...”
Existen varias leyendas atribuidas a la tercera mano de la Virgen: Son los
tiempos de la invasión musulmana. En el cerro de la Picota se encuentra la
ermita de la Virgen de Altamira, donde acude a orar todos los días un zagal con
su rebaño. Una mañana, un grupo de sarracenos infiltrados apresan al muchacho
para obtener alguna información. El pastor, al verse morir, implora el auxilio
de la Virgen. El brazo ejecutor es detenido por una mano invisible.
Mientras tanto, los pobladores de la Villa alertados por el perro del zagal acuden en su ayuda. De vuelta a Miranda se paran en la ermita a dar gracias y observan que mana sangre de una herida que atraviesa su tercera mano.
La voz popular atribuyó la necesidad del tercer brazo al tener ocupados los otros dos: el derecho por tenerlo con el cetro, y el izquierdo por estar sujetando al niño en su regazo.
El mismo trasfondo se da en la Leyenda del Buen Conde. En este caso son las milicias mirandesas con el Conde quienes se dirigen hacia el frente navarro-leonés para enfrentarse al invasor sarraceno. Tras la batalla, los mirandeses, bajo la protección de la Virgen, regresan “todos” sanos y salvos. También el Conde quien fue salvado por una mano milagrosa que detuvo una saeta dirigida a su corazón.
Cuando regresaron a Miranda y se acercaron a la ermita a orar, observaron que en la tercera mano de la Virgen se encontraba clavada una flecha.
Otra leyenda se refiere a una campana. Cuando se encontró la figura de la Virgen en la Picota fue llevada a la iglesia, pero desapareció y volvió a aparecer en el mismo sitio. Ante esto se excavó el terreno y se encontró una campana “La Campana de la Virgen”.
Traje y vestimenta de los mirandeses en los siglos XVII y XVIII
La consulta de cientos de documentos notariales redactados tras la muerte de los vecinos entre los siglos XVII y XVIII, han permitido la realización de un acercamiento hasta el tipo más habitual de vestimenta utilizada entonces en Miranda de Ebro.
Lo más normal era que los varones vistieran con camisa blanca de lienzo, calzón hasta la rodilla de paño negro o pardo, gabán sin mangas de paño también negro o pardo, capote o capa pardos, medias de lana burda, zapatos de cordobán y sombrero de ala negro o montera para cubrir la cabeza.
Por su parte las mujeres llevaban camisa de lienzo blanco, basquiña de estameña parda o negra, debajo una saya de lienzo blanco, un justillo de paño, mantilla, pañuelo y zapatos de cordobán.
Se trataba con toda claridad de ropas con un marcado carácter campesino, de hechura muy humilde, que no cambiarán hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando por toda nuestra comarca se popularicen prendas tan conocidas como la blusa y la boina.
Carrillo - Establecimiento de venta de golosinas.
Ir a X a hacer Y sin más viaje - Ir a X con el único motivo de hacer Y.
Pichaza - Bobo, estúpido.
Nicho - Trastero.
Carrilano- Persona sin cultura ni modales. Antiguamente se designaba así a los emigrantes que vinieron a construir las vías del ferrocarril.
Barracas- Las atracciones de la feria: caballitos, noria, etc.
Potrogiñoso (también potrigiñoso). adj. Andrajoso, desarrapado (referido a personas: ser un potrogiñoso, andar hecho un potrogiñoso); sucio, viejo, roto (referido a cosas: llevaba una camisa potrogiñosa).
Chiflaibaila. adj. Sinsustancia, chisgarabís, persona alegre y de poco fundamento.
Entrar la ropa - Encoger la ropa cuando la lavas
Chano - sinónimo de carrilano